El cuerpo de la mujer responde al entrenamiento con particularidades que durante años se han ignorado. Hoy la ciencia del deporte tiene cada vez más datos para optimizar el entrenamiento femenino y, sobre todo, prevenir problemas comunes.
Ciclo menstrual y rendimiento
Las cuatro fases del ciclo afectan a la energía, la fuerza y la recuperación. La fase folicular tardía (días 7-13) suele ser la de mejor rendimiento; la fase lútea tardía (días 22-28), la más sensible al cansancio. Adaptar las sesiones al ciclo es una herramienta poderosa.
Hierro: el déficit silencioso
La pérdida menstrual y el impacto del running aumentan el riesgo de anemia. Bajadas de rendimiento, cansancio crónico o falta de aire son señales para hacer un análisis. Mantener un buen estatus de hierro es prioritario.
Suelo pélvico
El impacto repetido del running estresa el suelo pélvico. Tras embarazos, sobrepeso o entrenamiento intenso, conviene reforzarlo con un trabajo específico (hipopresivos, ejercicios de Kegel o pilates).
Fuerza específica femenina
Las mujeres se benefician especialmente del trabajo de fuerza. Mejora la densidad ósea, previene lesiones y mejora la economía de carrera. Entrenar fuerza no "te pone grande", te hace una corredora más eficiente.
Nutrición y energía disponible
El síndrome RED-S (déficit energético en deporte) es más frecuente en mujeres y peligroso a medio plazo: pérdida de menstruación, fatiga, lesiones de estrés. Comer suficiente para entrenar es innegociable.
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